En el camino hacia una sociedad que abrace la pluralidad y que respete a las personas con todas las diferentes orientaciones sexuales, a veces hay saltos hacia delante que generan una transformación que parece de la noche a la mañana. Algo así es lo que se vivió en la República Argentina con la Ley del Matrimonio Igualitario. Sin embargo, no podemos interpretar ningún hecho de esta naturaleza como algo aislado, sino que para comprenderlo en profundidad debemos estudiarlo en relación con sus antecedentes. Veamos qué viene ocurriendo.

Antecedentes en Argentina

Cuando el  15 de julio de 2010 se promulgó la Ley de Matrimonio Igualitario, Argentina se convirtió en el primer país de América del Sur en reconocerles a las parejas del mismo sexo igualdad de derechos que a las parejas heterosexuales. Esto conllevó una serie de cambios muy profundos que afectaron a toda la sociedad en su conjunto.  

Sin embargo, la Ley no vino sola. El primer proyecto había sido presentado por la asociación Gays por los Derechos Civiles allá por la década del 90, pero no logró ser aprobado. Tuvieron que pasar varios años para que el 12 de diciembre de 2002 la CHA (Comunidad Homosexual Argentina) consiguiera que la Ciudad de Buenos Aires aprobara su  proyecto de ley de Unión Civil (ley 1004). Si bien la iniciativa tenía solamente alcance regional y no llegaba a equiparar los derechos de las parejas gays con los de los matrimonios heterosexuales, otras provincias tomaron este ejemplo y comenzaron a reglamentar en un mismo sentido. En 2005 se llevó el debate al Congreso Nacional, pero no fue debidamente tratado.

Otros intentos que quedaron en el camino fueron proyectos de 2007 y 2009. Aquel año, dos hombres contrajeron matrimonio en la ciudad de Ushuaia (Tierra del Fuego), pero el enlace posteriormente fue anulado. Como este, hubo varios casos de matrimonios contraídos y luego declarados nulos, todos ellos muestra de una lucha que llevaba años hasta que la Ley de Matrimonio Igualitario finalmente logró ser sancionada.

La Ley de 2010

La Ley 26.618 (conocida como Ley de Matrimonio Igualitario) reemplazó la definición de matrimonio como unión de “hombre y mujer” por la de “contrayentes”. Así se eliminan las distinciones entre varón y mujer a la hora de contraer matrimonio (que, en una legislación anterior, no tenían las mismas obligaciones respecto a elegir domicilio o darles apellido a los hijos, por ejemplo). Por supuesto, permite la unión entre cónyuges del mismo sexo, a los que les corresponden iguales derechos y obligaciones que a una pareja heterosexual. Es por eso que no se habla en Argentina de “matrimonio gay” sino igualitario, ya que no hay diferencias legales entre una u otra unión.

Así, los cónyuges pueden brindarle protección médica a su pareja con cualquier cobertura de salud, heredar, comprar bienes en común o adoptar hijos.

Qué cambió en la sociedad

La sociedad argentina mostraba profundas divisiones respecto al casamiento entre personas del mismo sexo, así como los bloques de diputados y senadores que debían tratar la ley y que demoraron 15 horas de debate para promulgarse a favor. Así como muchos argentinos salimos a festejar la Ley, entendiendo que con ella se garantizan los derechos humanos para toda la población más allá de su orientación sexual, también se escucharon voces en contra, sobre todo desde los sectores religiosos y conservadores.

Hizo falta un gran compromiso por parte de los activistas para concientizar sobre la importancia de la aprobación de la Ley, los derechos de las parejas y de las familias, la no discriminación y la necesidad de darle un marco legal a miles de parejas que solamente reclamaban lo que les corresponde.

Los especialistas están de acuerdo en que esta norma puso en boca de todos un tema que antes era considerado tabú. Pero no solo eso: se validó frente a las familias los argumentos de quienes luchaban por poder amarse en libertad, porque reconocieran sus derechos y que le dieran a la pareja que habían elegido el lugar que le corresponde.  Se comenzó a cuestionar en distintos ámbitos, en las escuelas por ejemplo, la validez de la pluralidad de familias, a reinterpretar conceptos como “pareja”, “paternidad”, “maternidad”, “familia” con una mirada más amplia e inclusiva. Y a valorar más el amor desde todas sus formas posibles.

Algunas cifras

A más de cinco años de aprobada la Ley, ya hay más de 10.000 parejas del mismo sexo que ya se han casado. De acuerdo con datos que la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) aporta, no podía ser de otra manera, ha habido algunos divorcios. También, 600 de esas parejas han podido tener hijos con diferentes métodos.

Justamente aquí quedan cosas por lograrse en materia de legislación. En Argentina no está legislada la gestación por subrogación  de vientres, así como también hace falta revisar la legislación laboral respecto a las licencias por maternidad y paternidad, que hacen mucha diferencia según el sexo del beneficiario.

Como se puede apreciar, la Ley de Matrimonio Igualitario es solamente la punta del iceberg y no vino sola, sino que forma parte de una larga lucha por tener una sociedad abierta, igualitaria e inclusiva con todas las personas, más allá de su orientación sexual. Aún falta mucho para dejar atrás los prejuicios y la discriminación que sufre la comunidad homosexual en muchas partes del mundo. Pero los argentinos hemos dado un importante paso adelante al respecto.

Fuentes: http://www.cha.org.ar/historia-del-matrimonio-lgtb-en-argentina/

http://www.quepasasalta.com.ar/noticias/salta_26/matrimonio-igualitario-83-parejas-se-casaron-en-salta-desde-2010_119146

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